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Mounts Go Wild

Posted on September 18th, 2006 by ferminho.
Categories: Historias.

La oscuridad me envuelve.

A mi alrededor la lluvia cae tan violentamente que creo que me va a agujerear la piel. En absoluto silencio, busco algún saliente amigo, una hendidura en la cornisa del risco que me cobije. Encuentro mi sitio y me deslizo hasta él. Nadie me ve. Soy una sombra en la noche, un susurro entre el tronar de un cielo negro lleno de ira y el repiqueteo de incensantes balas afiladas de cristal acribillando el suelo. Tormenta nocturna de Wild Mounts, mal presagio, precursora de la desgracia; hoy eres mi aliada.

Soy una justiciera. Un alma vengadora. Una vez más me encuentro interrogando mi propio subconsciente. No sé con total certeza por qué he venido, y sin embargo lo sé. Tengo corazonadas, tengo visiones. A veces acierto, a veces no. Me encuentro ante dilemas. Lo pienso ocho veces antes de decidir. Luego actúo, o no.
Esta vez creo que acierto.

Me inclino sobre la cornisa, siento el viento luchando conmigo, pero yo soy más fuerte. Me siento una gárgola, agazapada, acechando, inmóvil. Miro hacia abajo.
Imponente, majestuoso. Los muros de piedra del castillo se alzan desafiantes en medio de la negra lluvia, varios metros por debajo de mi cornisa. El vértigo asoma tímidamente y es expulsado de inmediato. Aquí no hay vertigo. Un ave de presa no tiene vértigo cuando se abalanza sobre un animal desprevenido.

La sangre corre entre las almenas, por los escalones… Ríos negruzcos de agua de lluvia y sangre forman una siniestra alfombra en el patio central. Sangre y agua; es lo único que queda, los cadáveres no están.
Han caído.

Todavía muchos quedan en pie. Mujeres con amplias capas y atuendos oscuros defienden su territorio. No necesito evaluarlo más de dos segundos. Están siendo exterminadas. Reconozco los hombres de negro armados con rifles. No son hombres. Reconozco otros que sí lo son. Viejos amigos… de un viejo amigo. Amistades traicionadas con la facilidad con la que el acero atraviesa la carne desnuda.

Como un rayo de justicia divina, desciendo desde las alturas. Es justo. Alguien debe cambiarlo. Lo he pensado una octava vez. No hacen falta palabras, dejo que sean los hechos los que hablen. El exterminio no cesa… sólo cambia de bando.

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Devlab #37 IV

Posted on May 9th, 2006 by ferminho.
Categories: Historias.

Los altos edificios residenciales pasaban rápidamente tras el cristal del estrecho ventanuco. Boy permanecía con la mirada perdida en el ostentoso atardecer que adornaba el horizonte, lejos tras la enrevesada rejilla de rascacielos. No en vano daba nombre a la ciudad de Dusk. Era algo digno de verse.
Los tonos anaranjados inundaban todo, abriéndose camino entre columnas, mástiles, pasillos flotantes, fachadas tubulares, pasarelas colgantes y las decenas de vehículos aéreos que tímidamente cruzaban los cielos de Dusk; puntos negros en un vasto mar de estructuras colosales.

El esquife de transporte se tambaleó al atravesar un nexo de tráfico. Boy pegó la cara al ventanuco y observó la construcción con detenimiento. El nexo estaba formado por amplios conductos construidos sobre un macizo de acero sujeto entre varios edificios colindantes. Dentro, varias luces otorgaban el paso y lo denegaban, mientras unos campos magnéticos supresores regulaban la velocidad de los vehículos.

Toda Dusk en sí era una gran obra de arte arquitectónica. Los rascacielos surgían en algún punto muy lejano en el suelo, sujetos por enormes columnas y mástiles, y a su vez por el resto de edificios. De aquí para allá una gran maraña de pasillos conectaban los edificios desafiando las leyes de la gravedad; longas pasarelas de cristal y acero surcando la nada entre altos titanes ovalados superpoblados por misteriosas ventanas translúcidas. Coronando y rodeando los edificios a varias alturas, plazas flotantes con jardines, escaleras y un sinfín de conexiones más mostraban una buena parte de la población de Dusk paseando, llevando mercancías, montando el Mercado de la Tarde…
Dusk despertaba al atardecer.

-Joder -era la voz de Conde-, es impresionante. Ni siquiera en el Sindicato construyen maravillas así.

Boy volvió la cabeza al interior del esquife. Conde no dejaba de observar por la ventana, al otro lado del pasillo central. De pie y apoyado sobre él, Vendetta miraba también por la misma ventana. Conde gruñía de vez en cuando para quitárselo de encima. Seipher y BlackWidow estaban sentados en los asientos de detrás de Boy, mirando tranquilamente también por su ventana. Al final, habían venido todos menos Mav69, con la excusa de que estaba muy cansado. Boy esperaba algo así, Mav no era muy sociable.

El cuarto de pasajeros no era muy amplio, pero estaban cómodos. La nave era un esquife de carga MS estándar, con capacidad para 14 pasajeros. Tenían sitio de sobra para ellos, aunque no podían haber esperado un transporte más rápido ni más decente.

Los asientos eran de piel y mullidos (de piel de qué, eso no podía saberlo). Se repartían en parejas enfrentadas a ambos lados de cada ventana. Éstas se encontraban incrustadas en amplios paneles abatibles. “Parapetos de combate” había pensado al instante Boy al verlos. Los esquifes de transporte MS eran multipropósito, usándose normalmente el cuarto de pasajeros como puesto de tiradores para la escolta armada.
O al menos, cuando la carga era importante o peligrosa. Pero ahora era simplemente un pequeño “trans” de suministros, que aprovechaba para llevar a cinco soldados MS a dar una vuelta por Dusk. Nada más lejos del peligro.

O eso parecía.

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Armonía Perturbada III

Posted on March 28th, 2006 by ferminho.
Categories: Historias.

El oficial MS giró despacio la cabeza y observó al profesor Zer0, que le miraba impasible desde una distancia demasiado corta para gusto de ambos. Tras ello miró una décima de segundo al suelo y levantó lentamente la mano derecha. El soldado que apuntaba a Giller bajó su pistola armónica dócilmente, guardándola en el cinturón, a la par que su superior le indicaba con el gesto que no merecía la pena. Algo contrariado, el oficial apretó los músculos en un intento exagerado por calmarse y no mostrar falta de autocontrol (uno de los mayores signos de debilidad en el código MS) a sus oponentes. Carraspeó y volvió a hablar, esta vez con un tono más grave.

– No nos obliguen a tener que recurrir a la fuerza. Por supuesto que somos conscientes de la normativa de su… particular (el oficial tuvo que morderse la lengua para encontrar una alternativa diplomática a “patético”) dominio. ¡Se trata de un caso de conspiración, así que no es para andarse con minucias! ¡Queremos acceso a su base de datos completa!

Según terminaba la frase, Giller le contemplaba más atónito y con los ojos más abiertos. Por contra, el oficial elevaba su voz y mostraba más impaciencia. Giller iba a hablar pero el profesor Zer0 se le adelantó:

– Ya le hemos dicho que la Wiki Universidad no ha tenido nada que ver con su… “pérdida de información”.

Los dos soldados de rango inferior encararon amenazantemente a Zer0. Posaron ambas manos, cubiertas por los brillantes guantes negros metalizados, sobre las empuñaduras de sus pistolas, dispuestos a saltar a la mínima señal de su superior. Éste, sin embargo, no se dejó llevar fácilmente por sus ganas de acabar rápidamente con el problema. Sabía que era casi seguro que la Wiki tenía algo que ver con el motivo de su pequeña expedición, y aunque no… un castigo preventivo siempre les podría enseñar quién mandaba y quitarles esos aires de superioridad…

…pero el profesor Zer0 tenía razón. No podría asumir delante de sus superiores las consecuencias de un conflicto con un dominio neutro. Si el Sindicato no había tomado control por la fuerza de la Wiki, era por algo. Y él no iba a arriesgarse a descubrir ese algo.

– ¿Qué se supone que ha pasado? -inquirió Giller enfadado al sentirse acusado de un supuesto crimen que ni conocía.

El oficial miró a Giller y luego a ambos soldados. Giller temió por un momento que fuera un signo de que iban a “entrar en acción”. Pick y Sephora agacharon sus cabezas tras la mesa de recepción, pero Giller no cambió su semblante.
Tras un breve momento, el oficial miró de nuevo a Giller con una leve mueca de desprecio. Comenzó a hablar.

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Arenas Misteriosas III

Posted on March 16th, 2006 by ferminho.
Categories: Historias.

La persona que le acababa de agarrar la mano era una mujer. Hunter la examinó de arriba a abajo en un rápido pero calmado movimiento de ojos. La mujer llevaba una túnica del desierto similar a la de Hunter, marrón y muy gastada, abrochada hasta el cuello. Ella caminaba a su lado mirando disimuladamente las mercancías de los comerciantes. Llevaba una visera amplia, que cobijaba su moreno rostro y lo cubría con una leve sombra. Tenía el pelo corto, negro, coronado por un largo flequillo rebelde que permanecía ahora dócil bajo el yugo de la visera. Tenía una expresión dulce y producía la impresión de que podía sonreír con facilidad. Según los cálculos de Hunter, estaría en sus treinta. No parecía una persona peligrosa, y le resultó agradable a la vista. El cazador volvió la mirada e hizo como si no se hubiera fijado en ella.

Hunter se le acercó algo mientras seguían caminando, y sin dejar de mirar al frente y a los comerciantes, la mujer habló:
– Ha sido fácil reconocerle, Santos tenía razón.

Hunter la miró brevemente a los ojos, molesto porque dijera el nombre de su amigo en público. La mujer le devolvió la mirada, y al ver esos terribles ojos grises mirándola fríamente se horrorizó y miró hacia otro lado nerviosamente. Hubo un silencio incómodo durante un momento; o al menos entre ellos, ya que la algarabía circundante se ocupó de combatir ese silencio.
Tras ese momento la mujer se dio cuenta del error e intentó recuperar la compostura. Siguió hablando mientras observaba unos exoescudos de aparente pésima calidad que le mostraba un vendedor local.

– Lo siento. No estoy acostumbrada a estas situaciones…

Hunter comprendió que lo mejor sería que él se encargara de llevar la voz cantante. Interrumpió secamente a la mujer, diciendo:
– Estoy empezando a formar una teoría sobre el misterio de este trabajo. Hay varios exploradores MS en las azoteas. Más que de costumbre, diría. Parece que buscan algo… o alguien.

La mujer agarró a Hunter por el brazo, y tiró suavemente de él, susurrándole:
– Hay un callejón protegido de las miradas no deseadas por aquí cerca. Allí podremos hablar.

Hunter se dejó llevar intentando no llamar demasiado la atención, y cuando empezaban a separarse del tumulto de la calle del Mercado, le preguntó:
– ¿Cómo puedo llamarla?

Ella respondió:
– Maren.

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Devlab #37 III

Posted on January 13th, 2006 by ferminho.
Categories: Historias.

– ¡Atención! -gritó el Líder Falke desde las puertas dobles de la sala de reuniones del ala norte, anunciando la llegada de un oficial de rango superior.

Los miembros del comando especial Falke, perfectamente alineados a ambos lados de una gran mesa ovalada negra en el centro de la sala, se pusieron firmes al unísono, con un único ruido de un golpe seco al juntar las botas. Todos permanecían ataviados con el uniforme de combate al completo, con la mirada al frente, visible al oficial que acababa de entrar a la sala, ya que los visores del uniforme habían de permanecer alzados. Las manos, sujetas tras la espalda y la mirada alta. Ni el más mínimo ruido, ni la más leve respiración. Las armas estándar, rifles cortos de impacto, permanecían ajustadas en los cintos de todos los comandos. Entre ellos, Boy, siguiendo al milímetro las normas de disciplina del Código Militar MS.

El oficial entró en la sala, dejando a su hombre escolta a la entrada, al lado del Líder Falke. Mientras el oficial entraba en paso ligero hacia la tarima central del fondo de la sala, miraba de soslayo a los allí presentes. Boy advirtió el detalle de reojo; la mirada casi burlona y despreciativa, mientras pasaba a su lado. Creyó por un momento haber cambiado inconscientemente la expresión y temió que se hubiera dado cuenta, pero el oficial pasó sin más y subió a la tarima.

– Señores.

Había hablado. Los soldados giraron la cabeza hacia él sin cambiar lo más mínimo el resto de la postura. La expresión de seriedad en la cara les hacía parecer casi bots. Boy examinó disimuladamente al oficial. Por fin le veía en persona. Contralmirante Wilson, conocido también como ‘Führer’. Los rumores no hacían justicia al original. Vestía una larga gabardina blanca, más corta por delante, que dejaba ver poco de su atuendo interior – pero se le veía totalmente preparado para el combate. Llevaba una armadura multifoco que brillaba levemente en la pequeña zona que se dejaba ver, y largos cubrearmas a ambos lados de las piernas, de los cuales sólo se distinguía la terminación. Posiblemente escopetas de precisión o similares. Más abajo se podían distinguir claramente las botas-jet que sólo algunos oficiales y comandos especiales podían llevar – supuestamente permitían una rapidez de movimientos comparables a los de un bot ninja. Más artilugios se podían distinguir en la muñeca (un gateway seguramente) y un dispositivo de algún tipo en el cuello. Pero lo que más llamaba la atención de él no era la similitud con un cazador adinerado, sino su cara. Su pelo corto, blanco, con un perfectamente recortado flequillo no podía tapar aquella expresión imborrable de su rostro. Esa mirada burlona, esa especie de media sonrisa perpetua, que le había ganado en los barracones el apodo de “La Hiena Blanca”.

– Yo mismo, en persona, hice la solicitud al Comité para que fueran destinados aquí. Porque son los mejores.

Como era costumbre en la jerarquía semi-militar, semi-empresarial del Sindicato, hasta los oficiales mantenían un tono educado y respetuoso hacia sus inferiores, sea cual fuere su rango. Sin embargo, en muchos casos esto no era más que fachada. Y especialmente en éste. Wilson hablaba, pero sus palabras no ocultaban el sentimiento que desprendía. Un hedor a superioridad que apestaba antes de que entrara en la habitación. Para él no eran más que perritos guardianes que debía adiestrar debidamente para que le guardaran la casa.

– Han participado en varios “proyectos” anteriormente; todos ellos de forma notable. Sólo dos bajas totales durante los disturbios de SandFort de hace dos meses estándar. He de felicitarles.

Eso sí que le ponía de los nervios. “Dos bajas totales”. “Ha de felicitarnos por sólo haber perdido a dos de sus compañeros de forma definitiva en una supuesta ‘revuelta’ que terminó siendo una conspiración armada” pensó Boy.

– Pero no deben permitir que se les suba a la cabeza y relajarse. Empiezan ahora lo que puede ser su último gran proyecto. Último, antes de escalar grandes posiciones en el Sindicato, claro. Necesito que lo den todo. Ya sabrán que su misión principal será la defensa del Devlab #37, pero no descartamos posibles asignaciones posteriores, si la situación lo requiere.

“Bla, bla, bla” pensaba Boy. Todo eso ya lo sabía. Era protocolo estándar. Siempre podía ser ‘el último gran proyecto’. Lo que no entendía es por qué les habían hecho retrasar su salida de recreo a Dusk sólo para eso; si iba a recibirles tarde el Contralmirante, ya podría haberlo hecho al día siguiente.

– Escúchenme bien. Contamos con una selección de los mejores recursos humanos de que dispone el Sindicato. Hay mucho interés en este proyecto, y quiero que les quede bien claro. No podemos fallar -mientras decía esto, por un momento a Boy le pareció que Wilson perdía el aspecto burlón y se ponía totalmente serio. Tan serio que inspiraba miedo-. Por eso están aquí. Quiero que sigan los protocolos al detalle, y nunca; ¿Me oyen bien? Nunca se confíen. Siempre alerta, siempre seguro. Eso es todo. Mañana a primera hora les quiero ver en Preparación.

Diciendo esto, se encaminó hacia la puerta. Siguiendo el protocolo, los comandos se giraron noventa grados manteniendo de nuevo la mirada al frente, en dirección hacia la puerta por donde se marchaba el oficial. Boy entonces se fijó en el hombre escolta que esperaba afuera, apoyado en la pared del pasillo. Parecía totalmente distraído pensando en sus propias cosas. El oficial pasó a su lado y desapareció con él por la galería. No lo pudo apreciar bien pero… Boy hubiera jurado que el uniforme del escolta… era de un alquimista MS.

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Devlab #37 II

Posted on December 14th, 2005 by ferminho.
Categories: Historias.

Boy se desplomó sobre su litera con los brazos estirados. El traslado había sido agotador, y desde el momento que llegaron, no les dieron tiempo más que para dejar el equipaje, e inmediatamente tuvieron que hacer la primera visita al complejo, el primer reconocimiento del entorno y la primera explicación de las normativas de procedimiento del Devlab #37. Eso había sido hacía ya seis horas… y conociendo el modus operandi MS, se imaginaba que a lo largo de las primeras semanas allí se encargarían de repetirlo varias veces.

– ¡Buf! Sólo me apetece dormir el resto del día.

Boy giró la cabeza sin moverse de su posición. Había hablado Falke-12, “Conde”, uno de sus compañeros, tumbado bocarriba en la cama superior de la litera contigua. Los cuarteles de tropas del ala norte del Outpost (así se llamaba el complejo del Devlab #37) -que les habían asignado al escuadrón de comandos especiales Falke- tenían habitaciones de dos literas triples. Tuvo suerte en el reparto ya que tenía bastante confianza con tres de los compañeros -Conde, Seipher, y BlackWidow, una de las tres mujeres del escuadrón Falke-. Los otros dos eran Mav69 y Vendetta (ambos varones también). Pero en aquel momento, sólo estaban Conde, Seipher y Boy en la habitación; el resto había bajado a las duchas.

– No seamos vagos -habló Seipher, sentado en el borde la cama intermedia de la litera de Boy, mientras sus piernas colgaban al lado de éste último -, esta tarde tenemos permiso y deberíamos ir luego a Dusk. Aún no hemos visto la ciudad, y me han comentado que es algo digno de ver.

Boy se revolvió en la cama, y tomó una postura algo mejor para hablar, asomando la cabeza por el borde de la litera. Seipher le miraba desde arriba, mientras Boy le decía:

– Uh… ¿Cómo ha sido la reacción en Dusk frente a la presencia MS? Si nos van a mirar mal y van a surgir problemas, prefiero dejarlo para mañana.

Conde se incorporó lentamente e intervino en la conversación:

– Según he oído, en Dusk el Sindicato levanta bastante la mano. Es una ciudad bastante bonita, y no está mal visto el que haya patrullas MS por las calles. La verdad es que ahora que lo dices, tengo ganas de verlo.

– Es algo bastante curioso -dijo Seipher-. En Dusk aceptan mayormente al MacroSindicato, y en general están contentos. Sin embargo, hay otro subdominio en Tudeka, al parecer, donde hay una gran mina con presos trabajando allí, y es todo un contraste de ambiente.

Conde puso una expresión de desagrado, diciendo:

– ¿Una mina, tío? ¿Presos? ¿Y a nosotros qué nos importa? Déjate de rollos raros, ¿Vámonos a Dusk con las “ninias” y peguémonos un poco de juerga! ¿Nos lo merecemos o no?

– Sí, supongo que sí -respondió Boy sonriendo-. Esperamos a éstos y nos vamos, ¿Va?

Los tres se pusieron de pie quejándose de manera exagerada y riendo finalmente por el panorama que ofrecían “los tres soldados del reúma”. Comenzaron a poner un poco en orden sus cosas para vestirse de calle y salir rumbo a Dusk.

Hasta ahora, el Devlab, y Tudeka, había resultado ser un lugar mucho más acogedor de lo que esperaba, pero seguía habiendo algo, quizá sólo algún pequeño detalle que Boy era incapaz de enfocar claramente… quizá un dato procesado inconscientemente que le seguía preocupando.

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Armonía Perturbada II

Posted on December 13th, 2005 by ferminho.
Categories: Historias.

¡BLAM! Dando un violento portazo en las puertas dobles de la recepción, Giller entró en la sala, notablemente agitado. Allí se encontraban tres soldados MS, uno de ellos denotando un rango superior al de los otros dos, en una posición amenazante delante de la mesa de recepción.
Giller hizo rápidamente un reconocimiento de la situación. Pick y Sephora, los jóvenes recepcionistas, se mantenían aterrados tras la gran mesa semiovalada y las pantallas holográficas. Había una pareja más de universitarios al lado de los soldados; uno de ellos era el profesor Zer0, el cual se mantenía entre la mesa y la patrulla MS, con una expresión clara de agresividad.

Los soldados se volvieron hacia Giller. Era, efectivamente una Patrulla Jet, específicamente, una de reconocimiento. Giller observó sendas pistolas en los cinturones de cada soldado. “Armónicas” pensó – pistolas de ondas, las que cabría esperar de una patrulla de este tipo. Ligeras, versátiles y silenciosas. Echó un vistazo rápido a los soldados. Aparte de las mochilas-jet, el resto del equipo era el estándar de las patrullas de reconocimiento MS. El ceñido uniforme estándar inferior, de algún material flexible negro, asomaba entre las fisuras y aberturas del mono de combate azul oscuro, típico de las patrullas -humanas- MS. No había ningún otro arma a la vista, sólo un avanzado gateway en la muñeca de cada uno de los soldados (más que seguramente con un exoescudo incorporado), y una versión más compleja en el brazo derecho del oficial. Posiblemente debido a que incorporaba funciones más avanzadas de comunicación y táctica de batalla. Los soldados de rango inferior permanecían con el visor del casco ligero bajado, mientras que el oficial lo había retirado y miraba amenazante al profesor que acababa de entrar.

– ¡Tú! – gritó el oficial a Giller, mientras se encaminaba hacia él. Giller no se amedrentó y respondió con el ceño fruncido.

– ¿Qué falta de respeto es ésta? ¿Son éstas maneras de irrumpir en un dominio neutro tan respetable como la Wiki Universidad? ¡Ya han violado suficientes tratados y normas por hoy, les tengo que pedir que…!

Uno de los soldados se había abalanzado hacia delante y permanecía con una de sus pistolas apuntando al rostro de Giller, a escasos centímetros de él. Giller calló en el acto, y pasaron unos segundos de silencio que a todos los allí presentes les pareció una eternidad. El profesor Zer0 se había adelantado unos pasos y le dijo al oficial calmadamente:

– Sabe que si su hombre no baja ahora mismo esa pistola, no será capaz de asumir las consecuencias.

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Devlab #37 I

Posted on December 2nd, 2005 by ferminho.
Categories: Historias.

La arena empezaba de nuevo a rebatirse violentamente arrastrada por el viento, y Boy tuvo que ceñirse la máscara y bajar el visor para taparse antes de que la arena se le metiera en los ojos. No le gustaba usar el visor salvo cuando era estrictamente necesario, y eso sólo podía ser en dos ocasiones… o entrenando, o en combate real.
El visor electrónico estándar de la máscara de los comandos especiales MS no sólo servía como protección – ofrecía muchas funciones importantes. Mini-radar estratégico, ampliación de luminosidad, detección de formas hostiles, localización de compañeros de escuadrón… sin embargo, a Boykott (que era su nick real) no le gustaba demasiado la idea de tener que llevarlo siempre. Le gustaba ver con sus propios ojos. De las pocas cosas desordenadas que aún quedaban de su vida anterior (anterior a Void, y al lavado de cerebro que sufrió al ser recogido por el MacroSindicato) era, por un lado… esa aversión hacia la maquinización de lo humano… y por otro, su nick.

Boykott. Aunque en su escuadrón (el comando Falke) sus compañeros le conocían como Boy… Salvo cuando se encontraban de servicio, momento en el cual solo se podían referir a él como estipulaba el reglamento – con su designación de escuadrón y número de referencia hexadecimal. Falke-1A. Era algo a lo que, varios años estándar después de haber ingresado en el Sindicato, no había llegado a acostumbrarse.
Que en mitad de un tiroteo, cuando sus vidas pendían de un hilo, o antes de iniciar una operación de sigilo, tenía que asimilar que cuando alguien gritaba ‘¡1A!’ se estaban refiriendo a él. Quizá en un momento crítico del que dependía que vivieran o no para contarlo, luchando en el desierto con una banda de Frem que atacara su convoy. 1A era él. Perdió su nombre, el cual ni siquiera recordaba, y parecía que en algún momento iba a perder también su nick.

– 1A, 1A, hora del relevo. ¿En qué estás pensando? Ni siquiera me has visto llegar.

Boy se puso firme asustado, como despertando de un sueño en el que no llegas a entrar del todo, y miró a su lado. Era Seipher, o debería decir, Falke-08, uno de sus mejores compañeros. Venía a relevarlo en su turno de vigilancia.

– Lo siento, 08. Estaba un poco ausente. La visión del desierto, y este tiempo, me incomoda.

Boy miró de nuevo hacia el horizonte. La débil tormenta que se había formado levantaba el suficiente polvo como para que no se viera nada más que un pálido naranja oscuro en movimiento más allá de 800 metros al norte del pequeño puesto vigía. La pequeña trinchera y la caseta de hormigón totalmente sellada permanecían impasibles ante el azote de la arena que se estrellaba violentamente contra ellas, y más al sur se distinguía la silueta de los barracones de la base militar, y el macizo bloque enorme del centro de operaciones. La pantalla de polvo y arena que cubrían el escaso kilómetro entre el puesto y la base hacían que no se viera más que el contorno en un fondo anaranjado.

A veces Boy se preguntaba por qué tenían que tener la base en un dominio así, peor incluso que el propio desierto de Void. No esperaba un paraíso vacacional, pero las condiciones en las que se encontraban eran demasiado. Eran extremas. La política de entrenamiento y preparación del personal militar MS siempre le había parecido un poco exagerada. Pero por otro lado, suponía que si habían llegado donde habían llegado, por algo tenía que ser.

Seipher retiró su visor hacia arriba y dejó entrever una mirada de preocupación a Boy. Se quedó mirándole un momento y le dijo:

– Boy, llevas unos días poco centrado. Si alguien quisiera colarse, no sólo no se lo podrías impedir, sino que te encontrarías cayendo a Void antes de poder darte cuenta. ¿Qué te ocurre?

Boy le bajó el visor a Seipher de nuevo y le respondió, sintiéndose algo incómodo al hablar del tema.

– No lo sé. Supongo que es por el traslado. Nos tienen dos meses aquí y ahora a ese Devlab…

– Bueno, ya sabes. El traslado lleva tramitándose un tiempo. Todo funciona así aquí. La verdad es que hubiera preferido también que no nos hubieran dejado dos meses estándar aquí en reserva…

– …No, no lo digo por eso. No me da buena sensación este nuevo destino. Ya sabes, estaremos bajo el mando de ese tal Wilson.

– Ah… ya. ‘El Führer’. Sí… circulan algunos rumores sobre él. No sé, no te preocupes tanto. Después de todo, no creo que sea mucho peor que esta rutina.

– … supongo. Espero que no nos meta en líos. He oído que habrá Sombras y todo defendiendo este Devlab… y no me caen muy bien. En fin, al menos me han dicho que la zona donde está ubicado es buena, y el Complejo es nuevo…

Seipher sacó el arma y tomó el puesto de Boy, dándole una palmada en la espalda y diciéndole:

– Seguro, seguro. Ve a descansar un poco. Luego te veo en el centro de recreo.

Boy se encaminó hacia la base. “Devlab #37…” pensaba. “Espero que no me toque cerca uno de esos engreídos del cuerpo de Sombras”.

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Arenas Misteriosas II

Posted on November 14th, 2005 by ferminho.
Categories: Historias.

El cazarrecompensas siguió abriéndose camino entre la muchedumbre. Empezaba a cansarse de buscar. ¿Cómo se suponía que iba a encontrarse con su contacto? ¿Llegaría con un cartel en lo alto que pusiera “Mr. Hunter”?

Nunca hubiera aceptado el trabajo de no ser porque se lo había ofrecido -casi suplicado- un amigo de confianza. Hunter no era un cazarrecompensas habitual; si existía algo parecido a los ladrones de guante blanco en versión cazador (como a menudo eran llamados en Void los de su profesión); ése sería Hunter. Tenía clase, tenía sus propios valores. Nunca aceptaba un trabajo que le diera “mala espina”. A veces, investigaba sobre su cliente antes de trabajar para él. A veces, el mismo cliente terminaba… “mal” cuando Hunter descubría ciertas cosas sobre él.

En resumen, Hunter era un tipo con el que no se podía jugar. El cliché del matón a sueldo sin escrúpulos no tenía sentido en su territorio; si acabando contigo considerara que hace de Void un mundo mejor, Hunter lo haría sin dudarlo. Fueras cliente u objetivo.

El cazador seguía pensando en el por qué del secretismo. Su cliente, Santos, le había dicho apenas el nombre de la ciudad y que el contacto le encontraría, y tras rogarle que lo aceptara (y así lo hiciera), le obligó a partir de inmediato. Hunter le conocía bien, y si algo temía de Santos Peck, el “no-oficialmente pluriempleado” técnico del Taller es que… ah, el maldito zorro, igualmente, le conocía demasiado bien a él. Sabía siempre qué decir para convencerle a indagar o aceptar un trabajo. Aunque esto no le preocupaba demasiado, porque siempre que lo hacía, era justificado, y Hunter siempre se sentía satisfecho de los trabajos de Santos. Por esa parte no tenía queja.
Por eso había aceptado esta vez. Sin embargo… no era algo normal y corriente, eso seguro. ¿Por qué no se lo podía haber contado? …¿Quizá ni siquiera Santos sabía todos los detalles? ¿O es que estaba en peligro si lo hacía?

Se quedó un momento pensando en ello, preocupado, cuando sin querer tropezó mientras caminaba conun hombre vestido con un mono gris (a juzgar por la apariencia, un transportista) y eso le ayudó a espabilarse un poco. El transportista le miró con mala cara, a punto de decir algo, aunque cuando le vio de cerca apartó la mirada y siguió su camino. Hunter no era especialmente famoso como cazador (probablemente el hombre no sabía quién era), y no iba llamando la atención -demasiado-. En Void es difícil encontrarse a alguien “raro”… (Cuando todos son raros, la rareza se convierte en lo normal) Sin embargo, la apariencia del cazador, aunque no desvelaba concretamente su profesión, sí daba fuertes indicios de que era un tipo con el que no convenía meterse. Aunque llevaba una ligera túnica del desierto, con la capucha echada, dejaba entrever parte de su atuendo, ya que no estaba totalmente abrochada.

Debajo de la túnica había un hombre de unos venti-pico cubierto casi totalmente por un uniforme de cuero negro endurecido, varios broches y sujecciones por varias partes del cuerpo que conseguían que su uniforme se ciñera de forma natural a su anatomía y sus movimientos… el uniforme de alguien que no se dedica a la danza precisamente. Éste terminaba en la parte alta del cuello, donde se podía apreciar parte de la cara de Hunter. La melena rubia le caía en parte por la cara, tapándole aún más. Una barba de un par de semanas se apreciaba aún debajo. Sus ojos, grises, apenas distinguibles bajo la capucha y el pelo, siempre ofrecían una mirada fría, pero calmada. Para aquéllos que no tenían una buena relación con él, ésa era una mirada aterradora. Sin embargo, Hunter no solía mostrarla… al menos cuando estaba trabajando. Le gustaba ir con su casco especial de motorista (negro también), y con su moto. ¡Diablos! Siempre que tenía un trabajo de ese tipo, la echaba de menos…

Hunter paró un momento para evaluar la situación. El Paseo seguía lleno de gente y no había ni rastro del contacto. Se preguntó si estaría siendo vigilado. Lo más probable era que sí. La reacción del hombre al verle le había inquietado ligeramente. Se ciñó más la túnica, se ocultó más bajo la capucha y continuó andando… cuando de repente una mano le asió amablemente la suya durante apenas un segundo. Hunter miró hacia la derecha disimuladamente sin dejar de caminar.

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Armonía Perturbada I

Posted on November 10th, 2005 by ferminho.
Categories: Historias.

Era el primer lunes de la semana, y el día resplandecía en los jardines del ala oeste del campus. Algunos pájaros revoloteaban por los alrededores, y un riachuelo corría a escasos metros de las puertas de acceso al bloque oeste. Allí un hombre permanecía de pie, contemplando el paisaje cerca de un modesto merendero; manos en los bolsillos, expresión distante. Los árboles se perdían en la lejanía, escondiéndose detrás del pequeño monte que limitaba la zona de la universidad. Aunque no podía verlo desde su posición, el hombre sabía que más allá… no había nada. El cielo se difuminaba en el horizonte, mezclándose con el vacío. El agua del riachuelo llegaba a un punto en el cual había un precipicio; se acababa la tierra firme. Más allá… nada. Arriba… nada. Abajo… nada. Agua cayendo y desapareciendo en la distancia. Una buena caída… a Void, claro.

El profesor Giller (así se llamaba aquel hombre, aunque no le gustaba tal denominación) había salido a tomar el aire, como todos los días en su descanso de media mañana. Era un hombre de unos treinta y cinco años, con pelo largo, liso, totalmente blanco, cayéndole ordenadamente por la espalda. Siempre llevaba barba de varios días y unas gafas pequeñas, de las cuales probablemente podía prescindir cuando quisiera, pero las conservaba por algun motivo más personal que práctico. Vestía la ligera bata-uniforme, emblema de la Universidad. Cualquiera que le viera por primera vez, obtendría una primera impresión de un hombre de carácter lozano y tranquilo, dedicado a la ciencia o a la enseñanza. Y así era.

Giller trabajaba en la Wiki Universidad. Impartía clases de carácter general y participaba en varios proyectos de investigación; podría decirse que era alguien de talento reconocido allí dentro e incluso fuera; tenía su propio gabinete, aunque no le gustaba en demasía el liderazgo. La Wiki (llamada así coloquialmente, especialmente entre los universitarios) investigaba en todos los aspectos. Recopilar información, conocer, saber… ése era su objetivo. Y todos los universitarios, Giller entre ellos, amaban ese estilo de vida. Por eso estaban allí.

Había sido una mañana bastante poco fuera de lo normal. Algunas clases, y un poco de organizar archivos nuevos. Giller pensaba en la Asamblea de Investigación que tenía esa tarde cuando oyó un ruido extraño. Cuando quiso tratar de identificarlo, el ruido cesó. Le había parecido que era un ruido de propulsores… inconscientemente empezó a analizar la señal del ruido (muy a su pesar, este tipo de análisis inconsciente lo hacía muy a menudo) y a pensar si no serían unos propulsores-jet estándar portátiles, quizá de un vehículo ligero. Interrumpió su razonamiento, suspirando, en cuanto se dio cuenta de que lo estaba volviendo a hacer. Había oído un ruido de propulsores, eso estaba claro, daba igual el modelo, la marca, o la fecha de la última revisión. Los jardines estaban bien adentrados en la Wiki, y en todo el campus no se permitía el acceso de vehículos salvo los autorizados (esto es, los lentos pero seguros andadores-oruga universitarios para transportar personas y material). Luego algo raro pasaba, y debía ir a comprobarlo.

Cuando Giller se dirigía a las puertas para atravesar el ala oeste hacia la procedencia del ruido, éstas se abrieron, apareciendo por la puerta corriendo, un universitario menor; un “alumno”, trajeado con el uniforme que denotaba su menor rango.

– ¡Profesor Giller!

Giller miró al alumno. Estaba empezando a pensar en que tendría que reprocharle que le llamara así, cuando se volvió a dar una bofetada mental (se volvía a desviar del tema) y le contestó:

– ¿Qué ocurre ZaX? ¿Ha entrado algún vehículo o ha sido mi imaginación?

El alumno llegó hasta donde estaba el profesor. Paró, respirando algo pesadamente, cansado por la carrera, y en cuanto tomó algo de aire le explicó:

– No, señor. Es una Patrulla Jet MS. No parecen hostiles pero sí agresivos. Están empezando a exigir datos de investigación y acceder a las bases de datos. ¡Tiene que venir!

Giller se quedó un momento paralizado, balbuceando por lo bajo:

– …¿El… MacroSindicato? ¿Aquí?

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Arenas Misteriosas I

Posted on November 4th, 2005 by ferminho.
Categories: Historias.

– He dicho que no me interesa.

Hunter apartó de su camino al hombre que le interrumpía el paso. Era otro vendedor ambulante, la pesadilla de las calles de Zar Mekt. La algarabía general del Paseo del Mercado era casi tan insoportable como la perseverancia de los varios mercaderes, en su mayoría Frem, gente del desierto, cortando el paso constantemente a los transeúntes para intentar vender sus productos, casi todos ellos artesanales. Los puestos se abarrotaban de clientes, y personas con otras variadas intenciones… en las ciudades de arena, nadie se puede fiar de nadie.

Zar Mekt era una pequeña ciudad de arena perteneciente al Límite Sur de Sandfort. Hunter tenía que encontrarse allí con su contacto, del cual no sabía nada – nombre, apariencia, código en clave… En su vida de cazarrecompensas freelance nunca había recibido un trabajo tan misterioso. Y desconocía por qué exactamente Zar Mekt era la ciudad elegida como punto de encuentro; si bien el lugar era perfecto por la afluencia de gente para pasar desapercibido, Void, el desierto… no era un lugar seguro para ninguna actividad… del ámbito de un cazarrecompensas.

“Espero que el cargo extra por operar en Void merezca la pena” pensó.

Mientras avanzaba entre los gritos de vendedores y compradores que intentaban hacerse entender, siguió enfrascado en sus pensamientos, intentando adivinar… por qué esa ciudad. No le gustaba nada bajar a Void, pero especialmente tenía aversión a las ciudades de arena y los Frem. ¿No podrían haber organizado el encuentro en un dominio oculto?

Odiaba mancharse las botas de arena.

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